Una fábrica de armas en un túnel de metro

…los espacios literarios son proyectos de arquitectura que sólo se dibujan en la mente…

140617_obras_verano_metro_madrid

Túnel del Metro de Madrid Fuente: http://www.madridactual.es/

Lo único que vio cuando se bajó del coche fueron las obras de los Nuevos Ministerios, el desolador efecto de los bombardeos sobre los edificios a medio construir, una doble ruina que Vélez atravesó a buen paso. El soldado le siguió en silencio hasta un patio interior que no parecía distinto a los demás, pero al cruzarlo, distinguió al fondo una acumulación vertical de cascotes que no podía ser fruto del azar. Al otro lado de aquella muralla improvisada había una estructura de hierro con cuatro postes alrededor de un hueco cuadrado. En uno de ellos estaba atornillado un botón rojo que el oficial pulsó para desatar de inmediato el ruido inconfundible de un motor asociado a algún tipo de engranaje. Silverio nunca había estado en una mina, pero antes de que la plataforma alcanzara el nivel de sus pies adivinó que iba a viajar hacia el subsuelo en un montacargas semejante a los que usaban los mineros […]

A la luz de un farol enganchado a la estructura, Silverio distinguió unas marcas de almagre pintadas en la pared y contó seis, seis metros, antes de que la plataforma se detuviera en un vestíbulo donde un soldado custodiaba una puerta de metal. El capitán Vélez le conocía, y respondió a su saludo antes de traspasar el umbral para conducir al soldado Aguado hasta un lugar extraordinario, el único milagro verdadero que contemplaría en su vida.

A finales de 1936, cuando se cerró el cerco sobre Madrid, el secretario general del sindicato metalúrgico de la CNT de la capital se acordó del túnel de siete kilómetros de longitud que había sido perforado sólo unos meses antes, para conectar la línea de metro que partía de atocha con la futura estación de los Nuevos Ministerios […]

La bóveda había sido explanada en el centro para crear una pista por la que circulaban camionetas que trasladaban piezas o materiales de un lugar a otro. Todo lo demás eran máquinas, agrupadas por su naturaleza y perfectamente alineadas contra los muros. Entre ellas, a intervalos regulares, unas paredes de ladrillo delimitaban espacios cerrados que se utilizaban como talleres y dormitorios, porque las normas de aquella fábrica comprometían a los trabajadores de dormir en el subsuelo y salir a la superficie lo menos posible.

35096_B_P

Los Nuevos Ministerios en construcción, hacia la década de 1930. Fuente: http://www.viejo-madrid.es/

Son muchos los escenarios en los que transcurren las historias narradas por Almudena Grandes que por la precisión de detalles en sus descripciones y la toma de elementos reales perfectamente documentados, los hacen susceptibles de formar parte de mi acervo de espacios literarios en los que perderme.

En Episodios de una Guerra Interminable uno no puede por menos que soñar con el pueblo de Bosost y el restaurante Casa Inés de Inés y la alegría, recorriendo mentalmente sus espacios mientras que casi se puede aspirar el delicioso aroma de los guisos elaborados por la protagonista; en El lector de Julio Verne queremos acompañar al pequeño Nino al molino en el que vive Pepe el portugués o a ese oasis bibliófilo que es la casita de doña Elena.

Pero uno de los espacios que más me ha sorprendido, quizás por mi predilección por todo aquello que tenga que ver con los espacios industriales, fue la existencia real de una fábrica de armas subterránea instalada en un tramo del túnel de metro de Nuevos Ministerios y de la que se hace referencia en Las tres bodas de Manolita. No conociendo absolutamente nada de su existencia, la propia Almudena Grandes aporta pistas en las notas finales a modo de apéndice, para tirar de este cabo y poder investigar más a fondo la cuestión:

La historia de la fábrica subterránea de armamento de los Nuevos Ministerios me cautivó desde las páginas de otro libro extraordinario, que suelo recomendar cuando alguien me pregunta qué puede leer para enterarse de lo que pasó en España entre 1936 y 1939. Ronald Fraser, un historiador de primera fila y un excelente narrador, publicó Recuérdalo tú y recuérdalo a otros. Historia oral de la guerra civil española en 1979, después de entrevistar a muchos protagonistas del conflicto que le contaron su experiencia en primera persona y con su propia voz […] nunca había encontrado en ninguna parte la menor alusión a la admirable fábrica de armamento de Nuevos Ministerios, un nuevo paradigma, en este caso de la ejemplar resistencia que los madrileños opusieron al fascismo.

Las tres bodas de Manolita, Almudena Grandes, Tusquets, 2014.

Sobre la evolución del entorno de Nuevos Ministerios recomiendo esta entrada del blog Urban Idade.

Más fábricas de armas subterráneas aquí y aquí.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s