Reaprendiendo de Las Vegas: píldoras para una reflexión contemporánea

Pequeñas píldoras de Aprendiendo de las Vegas que suscitan preguntas retóricas para una reflexión coyuntural sobre el campo disciplinar del arquitecto.

Denise Scott Brown en Las Vegas en 1966. Fuente: archiparlour.org

Denise Scott Brown en Las Vegas en 1966. Fuente: archiparlour.org

Aprender del paisaje existente es la manera de ser un arquitecto revolucionario. Y no de un modo obvio, como ese arrasar París para empezar de nuevo que proponía Le Corbusier en los años veinte, sino de un modo distinto, más tolerante: poniendo en cuestión nuestra manera de mirar las cosas.

La vía comercial, y en particular el Strip de Las Vegas -que es su ejemplo por excelencia- desafía al arquitecto a asumir un punto de vista positivo, no a mirarlo por encima del hombro. Los arquitectos han perdido el hábito de mirar a su entorno imparcialmente, sin pretender juicios de valor, convencidos como están de que la arquitectura moderna ortodoxa es progresiva, cuando no revolucionaria, utópica y purista; y se sienten insatisfechos con las condiciones existentes. La arquitectura moderna lo ha sido todo menos tolerante: sus arquitectos prefirieron cambiar el entorno existente a mejorar lo que estaba allí.

Pero saber ver lo común no es nada nuevo: las Bellas Artes suelen seguir el camino abierto por el arte popular. Los arquitectos románticos del siglo XVIII descubrieron una arquitectura rústica preexistente y convencional; los primeros arquitectos modernos se apropiaron, sin grandes adaptaciones, de un vocabulario industrial preexistente y convencional. Le Corbusier gustaba de los silos mecánicos y los barcos de vapor; la Bauhaus parecía una fábrica; Mies refinó los detalles de las acerías norteamericanas en sus edificios de hormigón. Los arquitectos modernos trabajan con la analogía, el símbolo y la imagen y, aunque afirman rechazar todo determinante de sus formas que no sea la necesidad estructural y el programa, obtienen ideas, analogía y estímulos de imágenes inesperadas. El proceso de aprendizaje es algo paradójico: miramos atrás, a la historia y la tradición, para avanzar; también podemos mirar hacia abajo para ir hacia arriba. Y la suspensión del juicio puede usarse como instrumento para formular luego un juicio más sensato. He aquí un modo de aprender de todas las cosas. [1]

La arquitectura puede ser ordinario -o mejor, convencional- de dos maneras: por el modo de construirla o por el modo de verla, es decir, por su proceso o por su simbolismo. Construir convencionalmente es emplear materiales y técnicas ordinarias, aceptar la actual y acostumbrada organización de la industria de la construcción y su estructura financiera con la esperanza de conseguir una edificación rápida, buena y económica. Esto es recomendable a corto plazo y el corto plazo es lo que nos ha conservado en gran medida nuestros clientes como arquitectos. Las teorías arquitectónicas del corto plazo tienden a la idealización y la generalización de lo utilitario. La arquitectura a largo plazo requiere creación, más que adaptación, y respuesta a una tecnología avanzada y una organización sofisticada. Depende de la investigación que puede ser iniciada en el despacho del arquitecto pero habrá de ser financiada desde fuera, pues la tarifa que paga el cliente no basta ni con mucho para ese propósito ni lo persigue. Aunque los arquitectos no han querido reconocerlo, la mayor parte de los problemas de su profesión son de tipo utilitario, y esto es tanto más cierto cuanto mayor sea el número de arquitectos que se vean involucrados en problemas sociales. En general, el mundo no puede esperar del arquitecto que le construya su utopía, y las preocupaciones principales del arquitecto han de referirse, no a lo que debe ser, sino a lo que es, y a los medios para contribuir a mejorarlo hoy. Desde luego, el movimiento moderno no estaba dispuesto a aceptar tan humilde papel; sin embargo, es un papel artísticamente mucho más prometedor. [2]

¿Ha sido necesaria una crisis económica global para reformular el campo práctico del arquitecto? ¿El pensamiento arquitectónico se vuelve más coherente e intrínseco sin los artificios y espectacularidades que conlleva la solvencia económica? ¿Se puede hacer de la escasez virtud?

La arquitectura purista fue en parte una reacción contra el eclecticismo del siglo XX. Las iglesias góticas, los bancos renacentistas y las casas solariegas jacobitas eran francamente pintorescas. Mezclar estilos significaba mezclar medios. Ataviados con estilos históricos, los edificios evocaban asociaciones explícitas y alusiones románticas al pasado para transmitir simbolismo literario, eclesiástico, nacional o programático. No bastaban las definiciones de la arquitectura como espacio y forma al servicio del programa y la estructura. Es posible que el solapado de disciplinas diluyera la arquitectura, pero en cambio enriqueció el significado. [3]

Al igual que existe una arquitectura sin arquitectos, ¿estamos ante una época en la que existen arquitectos sin arquitectura?. La arquitectura inmaterial formada a través de la reflexión y el pensamiento ¿puede ser llamada como tal? ¿Nos encontramos ante una época en la que la forzosa reflexión sobre la propia disciplina nos conducirá a una situación de no retorno? En un tiempo de colectividad, procomún y experiencias colaborativas entre disciplinas ¿la figura del arquitecto individual ha muerto?

La denotación indica un significado específico; la connotación sugiere significados generales. El mismo elemento puede tener significados denotativos y connotativos, que además pueden ser mutuamente contradictorios. En general, el grado en que un elemento tiene significado denotativo depende de sus características heráldicas; y el grado en que es connotativo depende de sus cualidades fisionómicas. [4]

Las formas de la arquitectura moderna han sido creadas por los arquitectos y analizadas por los críticos básicamente desde el punto de vista de sus cualidades perceptivas y a expensas de sus significados simbólicos, derivados de la asociación. Los modernos cuando reconocen el sistema simbólico que impregna nuestro entorno suelen referirse a la degradación de nuestros símbolos. Aunque muy olvidados por los arquitectos modernos, los precedentes históricos del simbolismo en la arquitectura existen y las complejidades de la iconografía han seguido siendo una parte importante de la disciplina llamada historia del arte. [5]

¿Qué debe simbolizar la arquitectura actual? ¿El propio proceso proyectual está obligado a materializar un significado concreto? ¿La simbología de la arquitectura trasciende su momento histórico o debe representar un significado concreto coyuntural a la época en la que se concibe? ¿Existe la arquitectura sin significados?

Nos encontramos ante un momento de superación de los análisis e interpretaciones tendenciosas, en un tiempo en el que la aproximación al paisaje, al edifico, al espacio interior, se realiza de una forma holística, en la compresión e integración total de todos sus significados e implicaciones. La arquitectura da un servicio a la sociedad, pero se impregna de la simbología que le otorga la significación del momento en el que es concebida. No se trata de pequeños manifiestos, sino de un objeto social que interactúa con el entorno y que se caracteriza por sus dimensiones denotativa y connotativa. Para que constituya una pieza más del gran puzzle en el que vivimos, un hilo más del gran tapiz que soporta la diversidad de dinámicas y contextos actuales, se debe mirar desde afuera para poder aprehender la problemática externa e integrarla en una solución concreta traducida en espacio y materia construida.

Quizás la constante autocrítica del colectivo de los últimos tiempos  encierra cierto sentimiento de culpa. Esto no impide el hecho de que la demonización del gremio se ha producido a través de la proyección en la sociedad de un tipo de arquitecto que basa su producción en la espectacularidad y el despilfarro. Pero el ámbito disciplinar de la arquitectura es válido por sí mismo, por su aportación a la sociedad a través de una forma concreta de pensamiento. El hacer del arquitecto evoluciona con los tiempos y con el medio social porque la razón de ser de su modus operandi es la propia resolución de los problemas concretos de su entorno a través de la arquitectura.

Robert Venturi en Las Vegas en 1966. Fuente: www.dezeen.com

Robert Venturi en Las Vegas en 1966. Fuente: http://www.dezeen.com

[1] Aprendiendo de Las Vegas. El simbolismo olvidado de la forma arquitectónica, Robert Venturi, Steven Izenour y Denise Scott Brown, Gustavo Gili, 2013 [1972], pp. 22-23.

[2] Ib, “Orígenes y ulterior definición de lo feo y lo ordinario”, p. 160.

[3] Ib, “La arquitectura como espacio”, p.27.

[4] Ib, “Ornamento: Signos y símbolos, denotación y connotación, heráldica y fisionomía, significado y expresión”, p.129.

[5] Ib, “El simbolismo histórico y la arquitectura moderna”, pp. 132-133.

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