Arquitectura funcional

En el Aula de formación G+I_PAI Gestión e Intervención en el Patrimonio Arquitectónico e Industrial de la Universidad Politécnica de Madrid hemos elegido este año como sugerente tema de discusión para el seminario internacional que organizamos anualmente “Cadenas de montaje. La utopía de la arquitectura como producto industrializado”. Siendo un tema muy específico y apenas tratado en la actualidad, hemos contado con gran éxito y profundidad argumental en cuanto a las comunicaciones presentadas y sus temáticas.

Fábrica de Ford en Highland Park, Detroit | Albert Kahn | 1909 Fuente: http://www.mascontext.com/tag/albert-kahn/

Fábrica de Ford en Highland Park, Detroit | Albert Kahn | 1909
Fuente: http://www.mascontext.com/tag/albert-kahn/

A lo largo de estos meses, son muchos y muy interesantes los escritos que hemos revisado de autores como Albert Kahn, Luis Fernández Galiano, Mauro Guillén o Ramón Araujo con objeto de coordinar la dirección científica del mismo.

Precisamente, hace poco me encontraba con el texto de Walter Gropius “Arquitectura funcional” que forma parte de una conferencia leída en la Residencia de Estudiantes de Madrid el 5 de noviembre de 1930 y que se publicó en el número 142 de enero de 1931 de la revista Arquitectura. En este texto, su argumentación ahonda en la base proyectual de la arquitectura como materialización de una función, como espacio que se construye a través de la resolución de una necesidad particular y que estimo que entronca profundamente con los criterios arquitectónicos que traducen las necesidades programáticas de un espacio productivo. Me gustaría transcribir en el “diario” el extracto en el que relaciona los conceptos tradición, standard racionalización:

Distintos arquitectos, en varios países, deducen así de los mismos supuestos técnicos las mismas formas específicas. Esta tendencia  no es contraria a la tradición, pues no se nos presenta como condición exterior y formalista, sino exigida por los medios técnicos y las demandas del objeto mismo.

Fábrica textil Krasnoje Snamja en San Petersburgo | Eric Mendelsohn | 1925-1928 Fuente: http://cms.ifa.de/?id=4582

Fábrica textil Krasnoje Snamja en San Petersburgo | Eric Mendelsohn | 1925-1928
Fuente: http://cms.ifa.de/?id=4582

La idea de la tradición, derivando de la palabra latina tradere, que significa dar al siguiente o llevar más lejos, no es de ninguna manera hostil o contraria a la idea de lo radical, palabra que significa lo que sale de la raíz. Es fácilmente posible que un hombre obre al mismo tiempo radicalmente y tradicionalmente. El miedo a lo nuevo -por el sólo hecho de serlo- es un pecado contra la vida; al mismo tiempo, el aceptar el pasado sin crítica alguna y sin someterlo a una revisión significa estancamiento. Si eso fuese tradición, viviríamos todavía hoy en cuevas de tierra. La tradición, para nosotros posee sentido y valor solamente cuando usamos las experiencias de nuestros antecesores con viva inteligencia y cuando añadimos nuevas experiencias a las ya conocidas. Esto lo hará de manera óptica quien penetre el problema radicalmente, es decir, hasta el fondo y no se contente con superficialidades. De esta manera subrayamos en lo tradicional lo que tiene valor general: el standard, que satisface a muchos, significando una cosa: que posee máximas y óptimas cualidades. Se logra solamente un contenido profundo si se explotan las posibilidades técnicas más enérgicas y más modernas. El empleo de estos medios empieza, desde luego, a ser fructífero si se aplican a múltiples y amplias empresas. El desarrollo y la ejecución de un tipo de valor actual y que sea duradero necesita una labor profunda y radicalísima. Si se ha aclarado la función de una cosa y si se ha perfeccionado lo más posible su ejecución, esta cosa llega a ser un standard de valor tradicional y que nadie puede destruir, pues, como se dice en Alemania, lo mejor es enemigo de lo bueno. El standard no es una invención de nuestra época racionalista, sino que significa siempre el punto más alto de una cultura, la elección de lo óptimo, la purificación de lo esencial y la superación de lo individual.

Fábrica de hormas de zapatos Fagus en Alfeld | Walter Gropius y Adolf Meyer | 1911-1913 Fuente: Wikimedia Commons

Fábrica de hormas de zapatos Fagus en Alfeld | Walter Gropius y Adolf Meyer | 1911-1913
Fuente: Wikimedia Commons

[…] Estamos buscando primeramente hoy caminos nuevos y más racionales para la construcción de la vivienda humana. Tiene una significación y un valor profundo de la vida económica la idea de la racionalización. Viene la palabra “racionalización” de la latina ratio, que es, en un sentido más avanzado, razón. Quiere, pues decir: obrar conforme a la razón. La idea de la racionalización se ha aplicado después de la guerra esencialmente a los asuntos económicos; pero en todo el mundo civilizado, esta idea se amplía cada vez más en un movimiento que influye fuertemente, no sólo en la vida de las naciones, sino también en la vida más personal del individuo. Se impone la idea de que dentro de la sociedad, la actividad del individuo y de los grupos llegue a ser racional en un sentido elevado, cuando su labor económica no sólo sirve para el bienestar individual, sino también para el bienestar común. En este sentido, el movimiento de la racionalización es una creación nueva y desarrolla, además de los intereses particulares, un cambio en la mentalidad de todos en favor de la colectividad. Como es difícil que un cambio tan radical de los espíritus se verifique rápidamente, se comprende que, primeramente, la idea de la racionalización sea confundida por muchos con la de rentabilidad, que aspira al mismo fin, es decir, a una máxima economía, pero no con respecto a una unidad total, sino a la persona o empresa particular. A pesar de toda su importancia, la economía nunca puede ser un fin egoísta, sino solamente un medio para otros fines. Cada racionalización tiene sentido solamente cuando enriquece la vida, es decir, cuando no desdeña las demandas elementales y biológicas.

[…] La arquitectura no se contenta sólo con la satisfacción de necesidades materiales: hay que mirar sobre todo las necesidades de orden más elevado, del espíritu, que piden un ambiente armónico, sonidos definidos y proporciones claras, que hacen percibir el espacio como cosa viviente.

Todo esto se encuentra comprendido en el concepto de “función”, del que ya hemos hablado. La racionalización no es, por consiguiente, una ordenación puramente mecánica. No debemos olvidar de ninguna manera que además de la “ratio” existe una finalidad creadora. La economía como único fin, y tal como la concebimos hoy día, es un gran peligro. La crisis que sufre actualmente el mundo civilizado no es quizá otra cosa que una venganza del espíritu encadenado.

Su lectura me ha dado pie plantear algunas cuestiones abiertas en su reflexión sobre los temas que trato en mi tesis doctoral y sobre la práctica de la arquitectura en general. Me ha parecido una cuestión muy estimulante profundizar en las relaciones que podrían presentar las arquitecturas productivas con la tradición, como bagaje de soluciones técnicas y espaciales, como evolución de un poso histórico de conocimiento arquitectónico que se desarrolla hacia su máxima racionalización, entendiendo por tal el empleo de procedimientos acordes a la resolución técnica y programática de la arquitectura como perfeccionamiento de las necesidades demandas por la colectividad; sin olvidar, como apunta Gropius, que todo ello pasa por el filtro del “espíritu creador” y saber hacer del arquitecto como individuo y los criterios acordes a su entendimiento de la realidad.

Este texto se encuentra recogido en Guerrero, Salvador (ed.) Maestros de la arquitectura moderna en la Residencia de EstudiantesMadrid, 2010, pp. 323-349.

Behind Detroit’s Notorious Ruins

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