Ejercicios de autocrítica

La función del arquitecto”

“A principios del siglo XXI, en este contexto de monopolio del poder económico, la función del arquitecto se ha vuelto más ambigua y ambivalente. Ha tendido a convertirse en un sirviente de los intereses del poder privado y de la ideología del poder público, lo que le anula intrínsecamente las posibilidades de desarrollo de una cultura crítica, pues de hacerlo en el contexto de la sociedad neoliberal se arriesga a quedarse sin su fuente de trabajo. Aunque el arquitecto siga defendiendo su papel cultural y social, en realidad cierto tipo de práctica de la profesión se ha convertido en incompatible con el ejercicio de la crítica. Incluso la información sobre arquitectura ha pasado a estar dominada por lobbies de presión e intereses.

Lo que denominamos crisis de la profesión es una consecuencia de los desajustes entre la cultura y la formación del arquitecto y lo que la sociedad neoliberal demanda de ellos y ellas, de la contraposición entre un modelo universitario para formar élites y el proceso de democratización de acceso a la universidad. Los perfiles profesionales que se forman continúan basándose en la falsa pertenencia a un grupo de excelencia, que trabaja para uno de los sectores más favorecidos y, por tanto, se educa a servidores del poder, cuya actuación hacia los “otros” es siempre asistencial y desde instancias superiores. El gran reto actual es formar universitarios que fortalezcan las sociedades democráticas y más justas del siglo XXI.

Sesión de Spencer Tunick en el Zócalo de México. Imagen de César Fandiño

Sesión de Spencer Tunick en el Zócalo de México. Imagen de César Fandiño

En este sentido, se perfilan diversas posiciones que tienden a polarizarse en dos extremos: por un lado, aquellos arquitectos que quieren ser fieles al status quo, a sus clientes y amos y, por otro, quienes intentan mejorar la vida de las personas. Si lo que se quiere es ser un arquitecto reconocido y publicado en los medios a toda costa, éste se verá abocado a ser fiel a los poderes de presión tienden a promocionar. Si el arquitecto quiere ser leal a su función social, se ve impulsado a superar sus coordenadas profesionales, industriales y comerciales para poder hacer un trabajo auténticamente culto y crítico, multidisciplinar y colectivo que participe en proyectos sociales y de cooperación.

Por ejemplo, es de vital importancia desenmascarar a quienes, dedicados a integrarse en su papel de servidores del poder y de los intereses inmobiliarios, recurren a la impostura, a la hipocresía y los falsos argumentos para justificarse, utilizando legitimaciones falsas y ajenas a la realidad de las obras como la sostenibilidad, la sociabilidad y la vaguardia. Deberían reconocer abiertamente que su obra entra en una lógica de control y dominio, de explotación y especulación, que son arquitectos de los poderosos.”

Arquitectura y política, Josep Maria Montaner y Zaida Muxí, lectura que recomiendo encarecidamente.

En los tiempos que corren, agrada encontrarse con un discurso tan sensato y a la vez tan obvio, pero que es oportuno recordar. No obstante, cada uno es libre de optar por el camino que estime más conveniente… yo elegí el mío hace tiempo.

 

…”People are strange” 

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