Les cigarreres

“Aquí tiene, me dijo, el reverso de la medalla; el salón de las viejas, el taller del desveno.

Así era; en estrecho salón y separadamente, muchas mujeres de edad relativa, algunas bastante viejas, se ocupaban en la labor del desveno, retorciendo en una mano grandes hojas de tabaco, a la vez que con la otra arrancaban a aquellas el nervio central asido y tirando del peciolo.

-¿Qué tal el cuadro?

-Un museo de respetables antigüedades.

-Busco los extremos, no porque aquí se toquen, sino porque complementan el estudio. Lo que has oído de la otra y lo que oirás en boca de una de las abuelas satisfará tu misión disquisitoria en sus límites convencionales.

Aquí la tienes la del caso. Y al efecto, una vieja vivaracha haciendo frecuentes contracciones faciales muy graciosas y expresivas se adelantó, como la pitillera lo hizo, al proscenio; tomó asiento, sacó una cajita de hojadelata de rapé en la que introdujo los dedos índice y pulgar que sacó para llevar a las ventanas de la nariz, y comenzó diciendo:…

-…Nada de perifollos y prendidos que las chavalitas del día traen a la fábrica, para escándalo de nuestros buenos recuerdos. Con falda de percal, (sin planchar) una chambra de color, manta a la cintura, y un pañuelo, o sin él al cuello, quedábamos hechas unas princesas, y con avío bastante para que los mozos de aquel tiempo, menos de taberna y pendencieros que los de ahora, se desmadejaran por nuestros andares y primores, sin estucos ni chapucerías de cold cream o como se diga. Y luego ¡qué unión y buen humor el nuestro! ¿Que se casaban viudos y había que organizar y efectuar una pandorgada de trueno? Pues ahí estaban las cigarreras. ¿Que había que revolucionarse contra una disposición gubernamental? Pues las cigarreras al canto. ¿Que se trataba de introducir en la fábrica máquinas perjudicadoras del gremio? Ahí de las cigarreras. ¿Que llegaba el jueves de Comadres y había que festejar el día? Pues las cigarreras a hacer la merienda con finales de baile y jarana. ¡Todo, todo pasó para no volver!…

…Lo que hoy pasa en nuestro taller tiene algo de patriarcal. La gente vieja venimos a pasar a él, para confeccionar los tagarninos o cigarros de a cuarto y para el desveno. Fumamos casi todas, por no decir que todas; y no hay aquello de disculpar el vicio con lo de echar la culpa a los dolores de muelas o a encargo del médico para ésta u otra enfermedad. Nada de tapujos, no señor; fumamos porque nos gusta fumar y sin tener en cuenta para nada aquello de:

Al que no fuma y gasta tabaco, llévalu el diablu pol otru furaco”

Una Cigarrera vieja a principios del siglo XX, Alfredo Alonso en El Comercio del 31 de enero de 1901.

Un taller de la Fábrica de Tabacos de Gijón en 1909. Fotografía de Julio Peinado

Un taller de la Fábrica de Tabacos de Gijón en 1909. Fotografía de Julio Peinado

“Fábrica de tabacos

si te cayeras…

cómo te llorarían

las cigarrreras”

Pachín de Melás

“Bolero”

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